miércoles, julio 24, 2024
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UNA DOCENA.

HABLILLAS

Por: José Ángel Parra

Los equipos del futbol mexicano han superado el ritual de año nuevo. Ellos, de frente al nacimiento de 2024, han comido, poco a poco, las 12 uvas que simbolizan la docena de deseos que, de acuerdo con sus anhelos, pretenden la fortuna balompédica, de conformidad con el transcurrir de los meses del recién llegado ciclo.

América, flamante campeón de la Liga MX, tendría que apostar, en un principio, por adquirir tantita humildad, algo que desconoce una institución caracterizada por su desmedida altivez. Flanqueada por los jugadores de moda, Henry Martín y Julián Quiñones, la oncena amarilla tiene los argumentos necesarios para repetir corona, siempre que los nazarenos mantengan ese esmero y dedicación.

Así, en su alineación nunca puede faltar el jugador número 12, cuyo guarismo, siendo sinceros, no corresponde propiamente a los aficionados, sino al siempre indispensable hombre de negro (y no nos referimos al que sale en las películas de extraterrestres, aunque así opere).

Chivas, por su parte, tiene que pensar seriamente en la dedicación, el afecto a los colores y el auténtico propósito de profesionalismo en toda la extensión de la palabra, del cual penosamente ha carecido en los últimos años. Y para alcanzar dicha uvita el empeño debe partir desde la cabeza. Amaury Vergara requiere revisar qué lugar ocupa el Rebaño Sagrado en su lista de prioridades, y si no cubre un sitio importante, es mejor pensar en vender antes de acumular más ridículos. En los últimos años el afán por buscar jugadores no nacidos en México habla mucho de la ausencia de valores que hay en la organización. Como si los paisanos fueran tan malos para que exista la imperiosa urgencia de recurrir a toda clase de artimañas con tal de apenas cumplir con el requisito de la mexicanidad.

Y en ese punto tendrían que reflexionar todos los clubes de la Liga MX, porque es injustificable que impere la extranjerización como norma principal para lograr el pretendido espectáculo, lo que atenta no sólo contra el derecho que tienen los mexicanos de aspirar a un trabajo digno en la disciplina de su preferencia, sino que también, año con año, abortamos esa meta de aspirar a una Selección Nacional digna y surgida de nuestros barrios. De ninguno más.

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