En una colaboración editorial del 2018, comenté el tópico del ‘chapulinazgo’ electoral: En aquella ocasión, cite la opinión de Luis Efrén Ríos Vega, para quien el ‘transfuguismo’ político es una figura clave para entender la transición democrática del país: “los tránsfugas, principalmente priístas, han contribuido al cambio político desde las últimas décadas del siglo XX a la fecha…”

“En la alternancia política, sin embargo, el transfuguismo es parte de la forma de hacer política: cambiarse de partido ofrece la posibilidad de ganar el poder. La deslealtad o la disidencia partidistas comenzaron a ser rentables: presentarse con otras siglas a las elecciones y romper con el viejo régimen que los formó, fue (es) para muchos atractivo por el triunfo electoral”.

Hoy en día, la principal característica de los actuales comicios concurrentes es la participación de un sinnúmero de precandidatos tránsfugas y chapulines políticos, que sin pudor alguno, intentan convertirse en candidatos de otros partidos políticos, con el solo afán de ocupar un cargo público.

Hay quien afirma que “mientras los partidos se siguen peleando, vemos cómo cambian de colores y de ideologías… eso es grave porque es un reflejo de una persona que no se quiere ni a ella misma, al buscar una posición solo buscan una posición de poder y de dinero”.

Sin duda alguna, el partido político más beneficiado con el ‘boom’ de militantes tránsfugas es Morena. Miles de expriistas y experredistas se adhirieron a este partido con el único afán de lograr nuevas oportunidades para ocupar cargos públicos. Mencionemos algunos de los personajes tránsfugas más conocidos que han sido postulados por Morena como precandidatos a Gobernador:

1) En Nuevo León, la expriista Clara Luz Flores, exalcaldesa de Escobedo.

2) En Sonora, el exsecretario de Seguridad Pública Alfonzo Durazo, fue secretario particular del entonces candidato presidencial Luis Donaldo Colosio.

3) En Zacatecas, David Monreal, hermano del coordinador de los senadores de Morena; iniciaron juntos su carrera política en el PRI, después en el PRD, más tarde en el PT, y posteriormente emigraron a Morena.

4) En Campeche, Layda Sansores, militante del PRI durante 30 años. Después se incorporó al PRD, partido que la postuló por la gubernatura en 1997.

5) En Guerrero, Félix Salgado Macedonio inició su carrera política en el PRI, partido en el que formó parte de la Corriente Democrática; posteriormente se sumó a las filas del PRD.

En Chihuahua, la candidata priista Graciela Ortiz, define el hecho de que otros partidos estén arropando a militantes priistas en sus filas para puestos de elección popular, como una “rapiña” político-electoral.

Lo anterior, a pesar de que “por mucho tiempo se han dedicado a hablar mal del PRI y parte de la valoración que tiene el ciudadano se debe no tanto a hechos concretos, sino a una propaganda negra que han estado impulsando los partidos a lo largo de los años”.

Para Graciela, “curiosamente todos los atributos negativos que nos señalan se les olvidan cuando se llevan a un priista a cualquier posición; me parece una forma mágica de trasladar una opinión negativa a una positiva en cuando te llevas a un priista a otro partido…”

Por desgracia, la reciente historia política de México está plagada de militantes tránsfugas. Tan cierto es, que hasta la sabiduría popular lo reconoce a través de un refrán: “La militancia dura hasta que las candidaturas alcancen”.

Luego, brilla por su ausencia, el ideal de “presentar candidatos serios, estables ideológicamente hablando, para que lleven a buen puerto la plataforma de sus partidos, pues no se deben prestar a que existan entre ellos estos cambios oportunistas, que al final no permitan consolidar el plan de un determinado partido”.

Así las cosas, la mayoría de los ciudadanos que son electos a un cargo de elección popular, son personas sin experiencia política; y lo que es peor, sin vocación de servicio. Por eso estamos como estamos…