El letrero rojo con la palabra “Cine” que daba la bienvenida en el número 52 de la calle Uruguay en el Centro Histórico se apagó de manera definitiva. La Casa del Cine, que durante una década recibió a más de 150 mil espectadores, cerró sus puertas el jueves con el cobijo y la calidad de su público.

“Lo bonito es que este es un lugar que se van sin fracasos, porque ve, la gente está allá afuera, nunca dejó de venir. Lo que pasa es que los gastos son muy complicados para sopesarlos mes con mes”, dice Carlos Sosa, director de este espacio, minutos antes de concluir operaciones.

Donnie Darko, que en un mes cumple 20 años de su estreno, fue la última película que se proyectó. No hubo una razón en particular para elegir esta película, simplemente fue la cinta que se tenía prevista exhibir como parte de ciclo Las Favoritas de La Casa del Cine que desde hace meses tenía espacio en este lugar.

Tampoco hubo un discurso de despedida ni algo emotivo para cerrar las puertas de este lugar inaugurado el 20 de noviembre de 2010. Esta decisión se tomó porque no se trataba de echarle más dolor a la herida, dice Sosa, sino más bien de celebrar todo lo que este espacio dejó por una década en términos culturales.

“Hubo talleres maravillosos: trajimos al director Julien Temple, hicimos cosas con Mika Kaurismäki, muchos talleres con cineastas mexicanos en activo como la productora Laura Imperiale, María Novaro, Everardo González, Carlos Carrera; fuimos sede de muchos festivales, centro de acopio y reunión cuando había movimientos sociales que necesitaban reunirse. Este lugar fue para todos”, dice Carlos Sosa.

“Cerramos muy orgullosos. Nos vamos contentos de haber demostrado que la gente sí quiere ver cine nacional, pero sobre todo de enseñar que estos espacios tienen corazón y alma y pueden ser un motor para un cambio dentro de la sociedad”.

Y así fue. Alrededor de las cinco de la tarde, dos horas antes del tiempo límite que las autoridades capitalinas estipularon para iniciar funciones en tiempos Covid, las escaleras para entrar a La Casa del Cine se veían ocupadas por al menos cinco parejas o grupos de amigos que esperaban su ingreso.

El protocolo de sanidad se cumplió como lo hicieron desde que reabrieron sus puertas a mediados de agosto, luego de cinco meses cerrados por la emergencia sanitaria del Coronavirus en la capital del país. A todos se les tomó la temperatura y se les otorgó un poco de gel antibacterial. Los asistentes, con cubreboca bien puesto, esperaron su acceso con paciencia.

En las dos mesas que se quedaron habilitadas para ofrecer alimentos pudieron servirse las últimas cervezas y palomitas. La energía del último día fue como la de cualquier otro, con ánimos de ver cine. La nostalgia quedó fuera, dice Sosa: “No cerramos con ninguna cosa simbólica, simplemente hoy cuando acaben las funciones se apaga la luz y punto. Quizá es como una esperanza de dejar tres puntos suspensivos…”.