Con el aumento de la dependencia de servicios financieros digitales, el número de ciberataques se ha triplicado en la última década, y el sector de servicios financieros sigue siendo el blanco preferido, aseguró el Fondo Monetario Internacional (FMI). La ciberseguridad se ha convertido, sin lugar a duda, en una amenaza para la estabilidad financiera, sostuvo.

El FMI alertó que no todos los países del mundo cuentan con la capacidad necesaria para poder hacer frente a las amenazas digitales.

“En nuestra opinión, muchos sistemas financieros nacionales todavía no están preparados para hacer frente a ataques, y la coordinación internacional todavía es débil”, comentó.

Actualmente, debido a la gran interconexión tecnológica y financiera, un ataque a una institución financiera importante, o a un sistema o servicio central muy utilizado, podría propagarse con rapidez por todo el sistema financiero, causando una perturbación generalizada y la pérdida de confianza, mencionó.

“Las transacciones no se llevarían a cabo debido a que la liquidez estaría retenida, y los hogares y empresas podrían perder el acceso a los depósitos y los pagos. En casos extremos, los inversionistas y depositantes podrían exigir la retirada de sus fondos o tratar de cerrar sus cuentas u otros servicios y productos que suelen utilizar”, detalló el FMI.

El organismo profundizó que las herramientas de piratería informática son ahora más baratas, más sencillas y más potentes, lo que permite que piratas informáticos con menos habilidades consigan hacer un daño mayor con tan solo una parte de lo que costaba anteriormente.

“La expansión de los servicios móviles aumenta las posibilidades para los piratas informáticos. Los atacantes se fijan como objetivo instituciones grandes y pequeñas, países ricos y pobres, y operan sin fronteras. La lucha contra la ciberdelincuencia y la reducción del riesgo debe ser, por tanto, una empresa compartida entre países y dentro de estos”, dijo el organismo internacional.

No solamente las instituciones financieras tradicionales o los sistemas financieros nacionales deben enfocarse en establecer medidas de seguridad, sino también las empresas por sí mismas, añadió.

“Los incentivos para que las empresas individuales inviertan en protección no son suficientes; es necesaria una intervención en términos de regulación y política pública para prevenir la inversión insuficiente y proteger al sistema financiero más amplio de las consecuencias de un ataque”, sostuvo el FMI.

De cara a estos fenómenos, puntualizó, el sistema financiero debe ser capaz de reanudar sus actividades con rapidez aun en el caso de que el ataque tenga éxito, y salvaguardar así la estabilidad.

La semana pasada, el Banco de México, en su Reporte de Estabilidad Financiera, reconoció que en el último año y como consecuencia de la pandemia de Covid-19 más clientes de entidades financieras en México han sido víctimas de fraudes.