El escritor Manuel Vázquez Montalbán solía describir al Barcelona como “el ejército desarmado de Cataluña”. No hay cañones, pero pocas balas son tan efectivas como las esteladas en el Camp Nou en un día de Clásico. Los colores que emanan de las tribunas constituyen los sueños de Joan Gamper, su fundador, quien impulsado por el fervor de una ciudad que le dio cobijo, imaginó en un viaje lejano algo mucho más que un club.

Eran los años finales del Siglo XIX. Los de la Barcelona de las murallas recién derribadas. Los de las primeras torres de una Sagrada Familia que sólo existía en su totalidad en la mente indescifrable de Antoni Gaudí. Por las calles del barrio de Sant Gervasi caminaba un deportista suizo de nombre Hans Gamper, que entre tanto comenzó a cavilar la posibilidad de crear un equipo de futbol.

Cuentan los registros de la época, con sus letras ya gastadas, que la mañana del 22 de octubre de 1899, Gamper publicó un anuncio en la revista Los Deportes. La declaración de intenciones no era más que una atenta invitación para crear un equipo de futbol.

Pese a que la convocatoria no generó gran expectativa entre la gente local, los ciudadanos del mundo, cuyo destino había coincidido en la próspera Cataluña, vieron una buena oportunidad de retomar sus costumbres. La mayoría eran ingleses que habían dejado su patria cuando el futbol apenas comenzaba a serlo, pero había también catalanes cuya curiosidad los llevó a responder el llamado.

DE LES CORTS AL CAMP NOU

Después de unos días en los que Hans se convirtió en Joan por el simple hecho de la pertenencia, se acordó bajo un optimismo generalizado una reunión definitiva. La tarde del miércoles 29 de noviembre de 1899, en una tertulia celebrada en el Gimnasio Solé, ubicado apenas a unas cuadras del mercado de La Boquería, un grupo de 12 jóvenes dieron forma a lo que sería el Futbol Club Barcelona.

Gamper, que había imaginado durante algunas noches el momento, dio su discurso ante un grupo fervoroso. Las palabras del suizo tenían un marcado tono nacionalista que buscaba, a modo de agradecimiento, potenciar el orgullo catalán por sobre todas las cosas.

Cuando el equipo ya era equipo había que ponerle escudo y había que ponerle un color, o colores, como terminó siendo. Cada club tiene su historia. Así como dicen que Boca Juniors es azul y amarillo por un barco vikingo que llegó a un muelle bonaerense, el Barcelona es azul y grana porque esos eran los colores del equipo de rugby de dos de los primeros socios ingleses.