El Museo Thyssen-Bornemisza decidió adelantar, por la situación de excepción que se vive en el mundo a causa de la pandemia de Covid-19, una exposición que tenía prevista para el próximo año y en la que se muestra por primera vez lo más selecto de su colección de obras del movimiento del expresionismo alemán.

Esta selección es, a su vez, una de las piedras angulares del acervo, no sólo por su importancia histórica, sino por lo que supuso en un momento histórico en el que las obras y los artistas de esta corriente vanguardista eran motivo de persecución y acoso del régimen nazi.

Entre esos artistas, quizá los más importantes son Vassily Kandinsky, Franz Marc, George Grosz, Emil Nolde, Paul Klee, Ernst Ludwig Kirchner o August Macke, que son también los más celebrados del movimiento.

La primera obra de arte contemporáneo que compró el barón Hans Henrich voz Thyssen- Bornemisza, el último miembro de esa saga familiar que a la postre se convirtió en uno de los coleccionistas privados más importantes del mundo, fue de un expresionista alemán: Joven pareja, de Emil Nolde.

El uso del color y de la forma, pero sobre todo su lenguaje, sacudieron los prejuicios del noble coleccionista, que hasta ese día mantenía a rajatabla la máxima de su padre, quien aseguraba que el arte había muerto en el siglo XVIII, por lo que a partir de entonces no se había creado nada digno de coleccionar.

La exposición Expresionismo alemán muestra 80 obras de enorme importancia histórica y artística que nunca se habían visto juntas y que forman parte de la colección del museo y del acervo personal de algunos de los herederos directos del barón Thyssen, pues, el Estado español adquirió en 1993 el grueso del legado de la colección privada.

Coleccionar para recuperar la memoria

Cuando el baron Thyssen compró aquella acuarela de Emil Nolde, con 40 años, reconoció que fue como si se hubiera liberado de un lavado de cerebro en el que había vivido y que le había hecho dar la espalda a todas las expresiones artísticas después del siglo XVIII.

Ese hallazgo lo llevó a comprar, casi de forma compulsiva, obra sobre todo relacionada con el expresionismo alemán, que ya entonces consideró crucial para entender la historia del arte, pero también era una afrenta al régimen nazi, que durante su etapa de terror y devastación también persiguió a este movimiento y sus artistas.