Mientras otros países como Argentina y Perú han transitado a modelos de atención a la salud mental más comunitarios y humanizados, en México todavía prima un sistema “maniconial”, en el que hay instituciones donde aún se usan los electrochoques, los internos entran contra su voluntad, hay violaciones sexuales, golpes y demás tipos de abuso.

Así lo muestra el informe de la organización civil Documenta, titulado “¿Por razón necesaria? Violaciones a los derechos humanos en los servicios de atención a la salud mental en México”.

En el documento se señala, por ejemplo, que la respuesta institucional en el país frente a los problemas de salud mental ha tenido como eje de atención el hospital monovalente, y como estrategia la institucionalización y la segregación.

“Diversos países de la región han transitado por profundas reformas en salud mental impulsadas por el reconocimiento de que el modelo centrado en la atención psiquiátrica hospitalaria no ha cumplido su misión y, peor aún, ha generado espacios de violaciones de derechos”, dice el documento.

Y agrega, “seguimos anclados en el pasado, con un marco normativo que limita el ejercicio de los derechos de las personas usuarias y con políticas públicas que destinan más del 80% del gasto en salud mental a los hospitales psiquiátricos de alta especialidad”.

A modo de resumen, dentro de las irregularidades más comunes en el respeto al derecho al consentimiento informado están:

El suministro de tratamientos médicos en contra de la voluntad de las personas o sin que se les explique el tipo de medicamentos, para qué sirven y los riesgos asociados.

Existencia de formatos incompletos e inadecuados de consentimiento informado para la aplicación de tratamientos con consecuencias graves, como la Terapia Electroconvulsiva y Castración Química (TEC), un tratamiento que sigue generando hasta la fecha una gran controversia en los ámbitos clínico y social.

Aunque muchos países la siguen empleando, las garantías que debe cumplir son cada vez más estrictas; por ejemplo, destaca que sea obligatorio recabar el consentimiento de la persona, el monitoreo electroencefálico y la aplicación modificada con el uso de anestesia y relajantes musculares. En cualquier caso, siempre que la TEC sea aplicada involuntariamente y de forma no modificada se estará ante un caso de tortura.

La Comisión Nacional de Salud Mental (Consame) documentó, en todas las 10 visitas que realizó a los hospitales psiquiátricos, diversas irregularidades, como expedientes desactualizados y sin rubros dedicados al consentimiento o la falta de notas para aplicar sujeciones o aislamiento. Estas irregularidades se detectaron, incluso, en la aplicación de la TEC.

Por ejemplo, hospitales que contaban con documentos de consentimiento en los que no se especificaban todos los efectos adversos a la TEC; casos en los que se aplicaba sin justificación médica o se solicitaba que el familiar firmara tanto el procedimiento como la aplicación de anestesias.

En 2018, el Mecanismo Nacional de Prevención de la Tortura (MNPT) documentó que en el 20.51% de los hospitales visitados se producían internamientos involuntarios en los que una vez restablecida la persona no se le pedía el consentimiento para permanecer internada. En varios hospitales los expedientes carecían de historia clínica, de hojas para brindar el consentimiento o no contenían indicaciones del médico psiquiatra para internar a los usuarios.

En cuando a privación ilegal de la libertad hay narraciones en las que los afectados describen que los que parecían paramédicos entraron a los dormitorios de sus casas para sedarlos, amarrarlos y llevarlos en contra de su voluntad a un centro de salud mental, con el permiso de la madre y la orden de internamiento de un psiquiatra que el afectado no conocía y solo firmaba con sus iniciales.

Respecto a otro tipo de violaciones a los derechos humanos, en México es común que las personas internadas vean restringida no solamente su libertad personal, sino también la capacidad para tomar decisiones relacionadas con aspectos esenciales de su vida diaria; por ejemplo: realizar actividades, manejo de horarios, posibilidad de contactar con el mundo exterior, disfrutar de espacios, ropa y objetos propios y tener un mínimo de privacidad.

En el informe se presenta el caso de un niño de doce años de edad, que en 2014 estaba en el Hospital Psiquiátrico Dr. Víctor M. Concha Vázquez, en Orizaba, Veracruz, sin tener posibilidad de asistir a la escuela, ni acceso a la educación. La mayor parte del tiempo la pasaba en un cuarto, vigilado por personal de seguridad.

El niño no convivía con ninguna otra persona de su edad, no tenía acceso a medios de información ni a alguna opción de esparcimiento. “Estaba privado de cualquier oportunidad de desarrollo y acceso a una vida digna”.

También es común que las personas no puedan tener espacios, ropa o artículos propios ni privacidad al momento de realizar sus actividades íntimas.